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Prosa · Microrelatos

El idioma del silencio

24 de abril de 2026
El idioma del silencio
El tren la dejó en la pequeña estación de Sant Feliu poco antes del mediodía. La luz caía blanca sobre las vías, y el aire tenía esa densidad de los veranos del Empordà, cuando hasta las cigarras parecen cansadas de cantar. Clara bajó con paso tranquilo, llevando una maleta de piel gastada y un cuaderno sujeto bajo el brazo. No esperaba a nadie. Nunca esperó a nadie, y eso —pensó mientras se apartaba un mechón de la frente— había sido siempre su manera más elegante de no depender de nada. Subió a un taxi viejo, de esos que huelen a gasolina y a recuerdos, y pidió que la llevaran a la villa. El conductor, un hombre de mirada amable, la reconoció al instante. —Usted es la hija pequeña de doña Mercedes, ¿verdad? —preguntó. Clara sonrió. —Eso dicen. Durante el trayecto, miró por la ventanilla los campos de trigo ya segados, los viñedos que dormían al sol, los muros encalados de las masías. Todo le resultaba familiar y ajeno al mismo tiempo, como un idioma aprendido en la infancia y luego olvidado. --- Recordó los años en Barcelona, los días de estudio y de búsqueda, las noches en que discutía con sus compañeros sobre Sartre, sobre el alma y el cuerpo, sobre si la libertad era un don o una condena. Recordó a un profesor francés que le había regalado un ejemplar de Cartas a un joven poeta de Rilke, con una dedicatoria escrita en tinta azul: > “Para Clara, que ya sabe que las respuestas duermen en el silencio.” Desde entonces, cuando el mundo la confundía, volvía a esas páginas. Rilke era para ella lo que la fe era para otros: un abrigo invisible, un idioma interior. Fragmento de "El pozo y la memoria " (C)#Javilobo
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