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Prosa · Microrelatos

Cuándo

2 de julio de 2026
Cuándo
De repente se retrasó el sol al salir, porque el le cantaba una canción sencilla y triste, porque sonaban repetidas las notas menores del pentagrama. Una canción sencilla que sólo pretendía ser eso, una simple canción. Por eso el sol decidió no asomar sus brazos dorados por la línea divisoria entre el cielo y el mar. Y el, cantando esa canción de lagrimas y de desesperada esperanza, seguía diluyendo el hechizo de esa noche en un trago de agua insulsa y blanda que era incapaz de saciar su sed. Así surgieron esas palabras que casi nacían de sus entrañas como hambrientos cervatos pico-feroces esperando la respuesta, que los alimentaran de sus furiosas ganas y hambre de saber, engullir lo que se necesita sin más. Quiero verte, quiero verte más, más que tu a mi me ves, más que ve la ciudad a sus habitantes, más que un ciego ve en la oscuridad, el destello de un instante. Dame tu rencor y deja que me devore, deja que me devore tu amor. Y por fin, el decidió lanzar las palabras que le mordían el corazón.... - Seamos por una vez sinceros, honestos con nosotros mismos y con el otro- dijo el levantando la vista del punto fijo donde se quedaron anclados sus ojos ciegos, sin ver más que una borrosa figura sobre la mesa de madera. - Con un casi mudo sonido gutural, ella respondió mirándole a los ojos.- eh, ¿ahora quieres que seamos honestos?. Seamos pues, sin condiciones y sin reservas. - Siempre lo he sido. Siempre desde que te conozco - respondió el sacando lágrimas de desesperanza de sus pétreos y rojizos ojos, que forzaron que bajara la cabeza con un gesto lento, apretando sus labios y formando ríos que rompieron la expresión serena que siempre le caracterizó. - Nunca entendiste que mis palabras y mis hechos contigo siempre eran fieles, como es y ha sido mi cuerpo y mi alma - cruzando la mirada de nuevo con la de ella. - Pues yo te tengo que confesar que no fui del todo honesta contigo - dijo ella sin dejar caer la mirada, sosteniendo el alma al filo de un desconsuelo.- Sé que lo sabes pero, fue la duda que despertaba tu forma tan absurda y dramática de quererme la que me hizo no serlo. - Añadió - Con esto no te quiero culpar de mis propias elucubraciones, pero, sí quiero castigarte por haberme querido tanto, y…. No me preguntes porqué…. Pero necesito hacerlo. - Apartó la vista con un ademán nada convincente, ladeando su cabeza a un lado, dejando que el largo cabello de su flequillo tapara su ojo derecho, parte de la nariz y su boca. - El, tras ver esa visión que le había enamorado una y otra vez con el mismo gesto, ofreciendo misterio a su rostro, no pudo más que preguntar. - ¿Cuándo dejaste de quererme? - Y mirándola con los ojos ciegos de pena, esperaba una bofetada en forma de frase que surgiera de su boca………. SIGUE…… Fragmento (C) Javi Lobo.
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