Prosa · Pensamientos
Maldita vida
25 de junio de 2026
Esas palabras eran de ida y vuelta, en el largo tramo de minutos que se decían. Porque, cuando mantenían sus charlas, era el momento más sutil y esperado del día. Ella no sabía por qué.
No lo era, cuando caían rendidos a sus deseos, o cuando ella se despojaba de la ropa para taparse con aquella camiseta raída que tanto le gustaba y que a él, directamente, le llevaba a la locura, más por los rotos y descosidos que dejaban asomar fragmentos de su piel y de sus senos, que por su diseño añejo e irreverente. Esas charlas que mantenían eran, para él, la forma de darle rienda suelta a su imaginación, y además la escuela donde aprendía a conocerla, a saber un poco más de ella, a aprender su lección diaria, sus sueños y sus pesares. Esas charlas, eran el alma matter de su relación y quizá, por eso aún conversa con ella, aún se expone ante ella, sabiendo que no le responderá en voz suave y sencilla, triste o alegre, pero siempre calmada y reflexiva, o en alguna ocasión, desenfrenada e impulsiva. Sus dilatadas charlas, podían durar horas sin que el tiempo hiciera mella en sus fuerzas y cansancio por la lucha diaria. Aún pasando tres y cuatro horas, creían no haberse dicho nada, de todo lo que querían decirse y los minutos se hacían segundos. Las agujas del reloj no realizaban su trabajo, entre otras cosas porque desaparecía de sus vidas. Que era un reloj, cuando ellos hablában sobre la vida y el amor, sobre sus cotidianidades sutiles?. Daba igual el tema, todo de ellos les interesaba, y el resto de sus asuntos perdía el sentido y la razón de ser. Para él sólo existía ella y sus palabras y le hacía sentir bien, en paz, relajado y sobretodo, le hacía sentir enamorado de su voz y de su forma de ver la vida. Ay que sí, que ahí fue donde el hombre descubrió que su amor y cariño por ella, por todo lo que representaba, no se limitaba al cuerpo, a su figura o sus encantos de mujer, a su resolución y su manera de moverse. No se encuadraba en su aroma, en sus andares o en la forma de mirarlo. No sólo en eso. Descubrió que lo que amaba de ella era todo su mundo, sus entrañas, su solo ser. Como si sus existencias tomasen propósito único e inamovible de unirlos a los dos, porque, en el fondo eran uno, un solo amor.
Pero como todo hilo tiene su tijera, ahora ya no están ni existen por si mismos, pues se deshizo el hechizo en la inconsistencia de lo que desaparece tan fútil y absurdo como la muerte puede romper la baraja. Ella ya no estaba para sí, y para él quedó solo la amarga cama vacía, y el dolor en el aire prendido de dos pinzas de tender la ropa, un desconsuelo y de ella, un resuello ahogado al escaparse la vida entre sus labios... maldita muerte!.. maldita vida!....
Fragmento de "Historias de como te siento"
(C)Javi Lobo