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Prosa · Pensamientos

Corazón en cuatro vientos

21 de abril de 2026
Aquellas pequeñas cosas que hicieron fuerte mi corazón también pudieron romperlo en minúsculos trozos. Tan pequeños que para reunirlos sólo pudo ayudarme mi amiga la brisa. Quizá ella creyó que quise abusar de su confianza al pedirle tan duro propósito y, del mismo enfado, sopló demasiado fuerte para su estado natural. Nada tan lejos de mis intenciones fueron sus planteamientos, inevitablemente equivocados, pero quién convence a la brisa si en viento feroz se ha convertido. Tan fuerte sopló que todos los trozos de ese, mi corazón, volaron desperdigados en todas las direcciones conocidas y las que aún faltaban por descubrir. Desde entonces viajo y viajo sin parar, y mientras lo hago, además de recorrer los confines de mi mundo, descubrir nuevos lugares y abrir y cerrar puertas, levanto las piedras, escarbo en la arena, separo las ramas de los árboles que en los bosques yacen. También buceo en los mares que me permiten las sirenas visitar. Quiero recorrer los 4 vientos para encontrar, al menos una parte que me devuelva la vida y mi aliento perdido. Encontré por azar, mientras volaba libre y sereno, trozos dispersos, minúsculas perlas de corazón que de amor estaban bañadas. Pero no pudieron hacer que latiera tan firme y potente para que volvieran las mismas sensaciones que antaño tenía. Esas perlas las guardé en mi bolsa de guardar corazones rotos y seguí viajando sin tener ninguna duda de mi propósito. En otra ocasión un hada de la primavera, me prestó sus alas, y con ella volé muy alto, donde las nubes se reencuentran a tomar café y discuten cual de ellas será la que baje a dar sombra. A veces, las hay tan deseosas de no ser las elegidas que cuando les obligan a bajar, lloran desconsoladamente, mojando todo lo que debajo de ellas queda. Otras simplemente, se enfadan y maldicen a golpe de voz, su mala suerte. Con lo bien que se está allá, arriba. Con mi hada fugaz seguí volando sin poseer más, que un trozo de su propio corazón. Un día, simplemente tomó otro rumbo y yo, sin mi hada de primavera, decidí guardar eso trozo en mi bolsa de guardar corazones rotos, para seguir viajando por las tierras altas del norte, donde las nubes siempre tenían cosas que hacer y lloraban constantemente, no sólo de enfado sino de alegría, por poder divisar tan maravilloso paisaje. Allí, entre una palabra y un deseo, un ser libre y bello me ofreció otro trozo de su corazón, que me hizo latir tan fuerte que mis alas de hada se sintieron tan libres como para no dejar rincón ni esquina de ese mundo por descubrir. La vida tomó otro color, otro cariz. El sol era mi aliado y la fuente de mi voz no se apagaba. (C)#JaviLobo
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