Prosa · Pensamientos
Tonto de mí.
2 de julio de 2026
Hoy no estabas y me asusté,
abrí la ventana para buscar tu sombra alejarse,
miré de un lado al otro,
buscando un signo,
una huella de tu huida, y no eras.
Que sutilidad, pensé.
No ha dejado rastro al marchar.
Pregunté a mis claveles,
a mis rosas,
a mis tiestos si te habían visto,
y no.
No me supieron decir.
Desesperado corrí a la puerta,
por si estabas allí,
por si te alcanzaba antes de marchar
con o sin tus cosas preciadas y,
tampoco estabas.
Sin saber como,
me cubrí con lo primero que tuve a mano,
y calzándome algo parecido a unos zapatos,
corrí a la calle,
a gritarte que volvieras,
que no me dejaras.
Pero las aceras estaban vacías de ti,
los adoquines no te habían sentido pisar
y las ventanas cerradas
me decían que era imposible
que hubieras pasado por allí.
Estarían abiertas de par en par.
El campanario resonó en la hora,
dejando el sonido,
en forma de eco
en las paredes de mi calle.
El, tampoco te había visto,
y lo ve todo.
Controla el tiempo y el espacio
desde las alturas.
Es mi aliado.
Por eso volví a casa y...
Tonto de mí,
allí estabas esperando,
con tu cara limpia y tu pelo mojado,
con tu sonrisa puesta
y un sinfín de pecados.
Esos que con mi camiseta de flores,
mis zapatillas doradas,
puestas en las prisas de encontrarte,
me enfundé sin pensar para salir a la calle.
Esa sonrisa me decía
que por más ridículo que me hallaras,
tu me querías.
Me amabas.
Y yo,...
Que pensabas?
No podría vestir así
por nadie más,
solo por ti,
y así me quedaba.
Ya no hace viento en mis calles,
solo el calor de tu mirada.
Ya no hace frío,
porque sigues en mi cama.
(C)Javi Lobo.