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Prosa · Microrelatos

Adiós

14 de agosto de 2026
Adiós
El andén olía a hierro frío y a lluvia que aún no había caído del todo. El tren entró de un gris casi robado a las nubes tormentosas que le habían servido de cubierta durante todo el trayecto, como si hubiese llegado empapado del mismo cielo que ahora se cernía sobre la estación. En sus cristales, los reflejos de las luces del andén —luces casi frías, de esas que no calientan nada— destellaban al moverse y se le clavaban encima, como dardos envenenados. Marta llevaba el abrigo cerrado hasta el cuello, no por el frío, sino porque abrocharse algo era lo único que sus manos sabían hacer sin temblar. Se dijeron lo que se dice siempre: que escribiría, que llamaría los domingos, mentira pequeña y necesaria que los dos sostuvieron con la misma seriedad con que se sostiene una promesa verdadera. Ella no se giró al andén cuando subió. Él se quedó mirando el lugar donde ella había estado, como si la ausencia también tuviera forma. Y la tuvo, durante mucho tiempo.
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